Créditos: Archivo del Escritor, Biblioteca Nacional; Dibam

1897-1898 · Montegrande

“La infancia en el campo que avergüenza como un vestido de percal a nuestra gente cursi, la he sentido yo siempre, y la considero todavía, y cada día más, como un lujoso privilegio, agradeciendo la mía y deseando delante de cualquier niño que ya se endereza, el que tenga semejante, cargada ‘del mismo maravilloso’ que me ha sustentado a mis cuarenta años”.

1920 · Punta Arenas

“¡Señor! Tú que enseñaste, perdona que yo enseñe; que lleve el nombre de maestra, que Tú llevaste por la Tierra. Dame el amor único de mi escuela; que ni la quemadura de la belleza sea capaz de robarle mi ternura de todos los instantes. Maestro, hazme perdurable el fervor y pasajero el desencanto. Arranca de mí este impuro deseo de justicia que aún me turba, la protesta que sube de mí cuando me hieren”.
(Oración de la maestra)

1938 · Ecuador

“Sobre esa inefable línea ecuatorial que tenéis y retenéis, mocedad de Guayaquil, yo hubiese querido aplicar y repasar mi corazón para que hubiese avivado en mí las potencias y puesto a arder mi vida con cabal fervor. Aplicaos a ella, vosotros, mozos de 20 años, ahora que es tiempo; y yo sepa vuestras obras en donde viva, y conozca vuestras hazañas donde plante mi casa, para celebrarlas y contarlas fielmente como hoy os he contado mi encuentro con el escudo del Ecuador”.

1938 · Lima, Perú

“Muchas gracias, peruanos, por vuestra cortesía hacia una vieja maestra errante que ama en vuestro país no solo una patria americana sino una raza de categoría, una aristocracia con tuétano republicano. Digamos que la República en el Perú celebró al nacer su casamiento con la gracia, y digamos que cada viajero que pasa por el Perú recoge alguna parte de esta gracia de Lima”.

1945 · México

“Ha sido para la pequeña maestra chilena una honra servir por algún tiempo a un gobierno extranjero.
…Será en mí siempre un sereno orgullo Haber recibido de la mano del Licenciado señor Vasconcelos el don de una escuela en México y la ocasión de escribir para las mujeres de mi sangre en el único período de descanso que ha tenido mi vida”.

1945 · Estocolmo, Suecia

“Por una venturanza que me sobrepasa, soy en este momento la voz directa de los poetas de mi raza y la indirecta de las muy nobles lenguas española y portuguesa. Ambas se alegran de haber sido invitadas al convivio de la vida nórdica, toda ella asistida por su folklore y su poesía milenarias”.
(Discurso del Premio Nobel, 1945)

1945 · Estocolmo, Suecia

“Hoy Suecia se vuelve hacia la lejana América ibera para honrarla en uno de los muchos trabajos de su cultura. El espíritu universalista de Alfredo Nóbel estaría contento de incluir en el radio de su obra protectora de la vida cultural al hemisferio sur del Continente Americano tan poco y tan mal conocido”.
(Discurso del Premio Nobel, 1945)

1945 · Río de Janeiro, Brasil

“Os he querido, os conocí y os seguiré siempre con lealtad niños del Brasil grande y humano. Tomo de prestado la expresión del poeta de Italia para deciros que yo conservo, no lo que doy, pero si lo que pierdo: siempre os tendré conmigo aunque no os vuelva a ver más.

1949 · Chichén-Itzá

“La india mexicana tiene una silueta llena de gracia. Muchas veces es bella, pero de otra belleza que aquella que se ha hecho costumbre en nuestros ojos. Su carne, sin el sonrosado de las conchas, tiene la quemadura de la espiga bien laminada de sol. El ojo es de una dulzura ardiente; la mejilla de fino dibujo; la frente, mediana como ha de ser la frente femenina; los labios, ni inexpresivamente delgados ni espesos; el acento dulce y con dejo de pesadumbre; como si tuviese siempre una gota ancha de llanto en la hondura de la garganta”.

1949 · México

“Gracias a México por el regalo que me hizo de su niñez blanca; gracias a las aldeas indias donde viví segura y contenta, gracias al hospedaje no mercenario, de las austeras casas coloniales donde fui recibida como hija; gracias a la luz de la meseta que me dio salud y dicha; a las huertas de Michoacán y de Oaxaca, por sus frutos cuya dulzura va todavía en mi garganta; gracias al paisaje línea por línea y al cielo que, como en un cuento oriental, pudiera llamarse, siete suavidades.
…Nada de la patria me faltó, y si la patria fuese protección pudorosa, delicadísima, México fuera Patria mía también”.

1954 · Casa Escuela Montegrande

“La ciudad pequeña no me satisface como transacción en esta pugna de la ciudad y el campo para sede infantil. Veo los patios de sus casas, sin rincones, a fuerza de arena, mosaico o asfalto, y no puedo conformarme yo que, por patio tuve la viñita de mi casa, el higueral de la hacienda vecina, y más allá una pradera larga, de varios kilómetros. En las grandes ciudades el envilecimiento es por peor”.